El tratamiento térmico y el sobreprecio de las piedras sin calentar
El tratamiento térmico es el más antiguo y el más extendido de los tratamientos gemológicos. SSEF sitúa el calentamiento comercial del corindón en un intervalo de unos 700 a 1,800 °C, y separa el trabajo a baja temperatura, por debajo de unos 1,000 °C, del trabajo a alta temperatura, por encima de unos 1,200 °C. Pasada esa cifra superior, las finas agujas de rutilo llamadas seda se disuelven y se abren grietas de dilatación alrededor de las inclusiones; los experimentos de calentamiento de GIA en Madagascar de 2019 registraron un azul más profundo y más saturado en las piedras llevadas a esa temperatura. El calor convierte además la amatista en citrino, y GIA indica que la mayor parte del citrino que se vende es amatista calentada, porque el citrino natural es raro. GIA describe el aguamarina como una piedra que se calienta de manera habitual para eliminar los tintes verdosos. La Information Sheet #15 del LMHC, de 2025, califica la tanzanita de calentada con frecuencia y añade que a veces el tratamiento no es determinable.
Los laboratorios juzgan el calentamiento por las inclusiones alteradas, los residuos vítreos en las fisuras cicatrizadas y los espectros infrarrojos. Los laboratorios miembros del LMHC informan de que no hay indicios de calentamiento, abreviado NH, o de que sí los hay, y gradúan los residuos del calentamiento en el corindón como leves (FAH 1), moderados (FAH 2) o significativos (FAH 3). El calentamiento a baja temperatura puede no dejar casi nada visible.
Como el rubí y el zafiro calentados son la norma, un informe que declare que no hay indicios de calentamiento sostiene un precio más alto. Ningún laboratorio publica el tamaño de esa diferencia, que varía con la especie, la calidad, el tamaño y el origen.